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Batallas internas

De nuevo estoy aquí, en una caverna caliza que deja escurrir agua fría a través de sus paredes, bañando el recinto en una luz pálida y etérea. En días anteriores, cuando vengo aquí, la luz es cálida o refrescante. A veces el recinto es un campo extenso con hierba que crece cubriéndolo todo. A veces es un páramo frío del que brotan miles de tulipanes. A veces la noche cubre un inmenso océano fluorescente. A veces hay un bosque inmenso, con pinos, robles y saucos. ¿Por qué si la mayoría de las veces el recinto es una pintura surrealista, hoy luce como una caverna tenebrosa? Cuando ella está y toma el control, mi recinto se ensombrece. Ella está envuelta en un aura perturbada. Viste una armadura negra lustrosa de un metal color ónix, jaspeado con virutas blancas que recuerdan al cielo estrellado. Sus ojos están cubiertos por un yelmo que está decorado con una pluma color belladona. Solo puedo ver sus labios violáceos y algunos tirabuzones dorados que se dejan caer voluminosos y brillantes...

Paréntesis

Amanecer ama despertar, sus mañanas consisten en sonreír, correr a saludarse y confiar que el mejor de los escenarios está por suceder. Un día, la normalidad desapareció sin dejar rastro. Ama, aunque sabía que estaba en su cuerpo, pues podía controlarlo, veía su estómago y podía acariciar sus manos, no lograba encontrar su sonrisa y conectar con su mirada. Su realidad representaba un reto antes impensable, pues no era tan simple como llamar a un reparador de reflejos, ésta figura de existir, dada su complejidad, tendría un costo, que seguramente Ama no podría pagar. Amanecer era consciente de que se encontraba en el más singular de los desafíos y viéndolo con una pizca de ambición, todo se reducía a una oportunidad para vencer. Su primera idea estratégica fue tratar de engañar a la persona en el espejo, buscando que este le acabará mostrando la salida. Holaaaa, puedes oírme?, soy Amanecer. Ello, sonrió amablemente, pero no pronunció palabra alguna. Amanecer pensó que podría no oír o si...

De adentro al papel

Todos gritaban y nadie escuchaba. Las tazas de café revoloteaban enérgicas como siempre. —¡Tómanos! ¡Tómanos! ¡así no pararás de hacerlo! —manifestaban sin parar. —Calma, calma —dijo el paisaje que pasó de mostrar un cielo gris a un día soleado y azul—. Lo que necesitas es paz y fijarte en lo que te rodea-. —¡Noooo! te equivocas —le respondió la memoria con nostalgia—. Lo que necesitas es recordar, en tus recuerdos encontrarás lo que necesitas para empezar. Si vuelves al pasado las cosas fluirán mejor. —¿Qué pasaría si tuvieras un perro gigante? —dijo la imaginación totalmente fuera de contexto, no se había dado ni por enterada de lo que pasaba. —Todos ustedes me encantan—afirmó el corazón que comenzó a latir con más fuerza. Al decir esto el corazón, la puerta del lugar donde se encontraban se abrió. Las tasas de café pasaron del anhelo a la mesa, el paisaje se mostró a través de la ventana de mi cuarto, la memoria trajo consigo vivencias pasadas, la imaginación les dio voz a cosas ina...

El Incidente

Irene se despertó de mal humor por el clima. Afuera no se veía más allá de tres metros delante de uno, y ella solo pensaba en dormir, pero el deber apremiaba. Salió de su casa con diminutos copos de nieve posándose lentamente sobre su gorro, y llegó con el sol asomándose entre la niebla. Las llamadas constantes y la entrada de gente hacían el trabajo de secretaria un infierno para Irene; pero le permitía estudiar en las noches la carrera de sus sueños: arquitectura. Una vez en casa, recogió los recibos y encontró entre ellos una carta. El sobre lo enviaba Antonio de Goya, y lo recibía Victoria de Goya. Tenía una nota “Dirección no existente, se remite a la segunda dirección”. Irene no conocía a ninguno de los dos, así que ellos no podían saber su dirección. De la oficina postal le indicaron que debía comunicarse con el remitente para cambiar ese dato. Al día siguiente Irene tomó el directorio y se comunicó con los diez Antonios de Goya que figuraban ahí, pero ninguno decía haber conoci...

Escribir y ya

¿Por qué o por quién escribo? ¿Escribo para vivir o vivo para escribir? No lo sé. Solo sé que disfruto cada letra que se traza en mi nombre. Escribo por placer. Por amor al arte. Amo escribir y puedo vivir y morir por mi escritura. Para mí, vivir es escribir y escribir es vivir. Creando mundos inimaginables y mostrando la realidad a mi manera, con la fantasía que quiera. Renaciendo en cada pasaje de mis cuentos, como un fénix inmortal, que se levanta una y otra vez más fuerte. Soy un cambia formas que se transmuta a través de las llamas de las letras, entregando una parte de mi alma y un poco de mi vida. Muriendo un poco, para mejorar lo que queda por dar. Jugando entre la vida y la muerte. Amando tiernamente el paso de mi mente por las comas y los puntos, las oraciones y las páginas que convergen en la creación y la destrucción que se arman, abriendo paso a relatos cargados de racionalidad y sentimentalismo conviviendo en un solo ser, en el interior de quien mejor conozco y aun así no...

Camelia

Hola, soy Amelia, siento un júbilo indescriptible al contarte esto, al estar tecleando, al estar en este hermoso cuerpo y sentir como el aire fluye a través de mí, deseo surcar mis recuerdos pasados, porque sí, ahora son míos. Pensarás que estoy loca, pero no, solo estoy nadando en el deleite de ser de carne. Te voy a contar un secreto, pero no te asustes, y no se lo cuentes a nadie, me puedes meter en un gran problema. Antes me llamaba Camelia, y vivía en la intemperie, la tierra me retenía y tenía que soportar los molestos gusanos que pasaban cerca, yo me limitaba a sobrevivir, a resistir el picante sol encima de mí y las noches frías. Mi vida era emética, excepto por ella, por esa mujer que llegaba cada primavera ese ser escultural me acariciaba, se sentaba a mi lado, me contaba sus secretos y se dormía en mi costado, me sentía protegida y halagada, ¿cómo era posible que esa divinidad me acompañara? esa doncella de cabello rizado, rostro almendrado, piel canela, suave como el pétalo...

Ansi, Nico y Ester

Abril 26 , 2021 ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! (no quisiera parecer algo intensa), discúlpame estoy un poco nerviosa, en realidad no suelo expresar lo que siento con regularidad. Me presento mi nombre es Ansi, tengo un hermano mayor y una hermanita pequeña a quienes aprecio y quiero demasiado, sus nombres son: Nico y Ester; quizás a simple vista creerás que te habla una persona, pero en realidad no cuento con un cuerpo físico, ya que habito en un rinconcito de la mente de mi amo, al cual le debo mi existencia ya hace bastantes años y en realidad estoy muy agradecida por hacernos parte de su vida, aunque a él parece no gustarle demasiado. Quisiera hablarte un poco sobre él, su nombre es Jhoi, es un ser humano con piel blanca, no tan blanca como la típica comparación con la nieve, suele ser más de una tonalidad parecida a la envoltura de un Bianchi relleno de chocolate blanco (perdón por la absurda comparación, fue lo primero que estaba al alcance de sus ojos); es rubio y me da algo de gracia, ya ...