Entradas

El Incidente

Irene se despertó de mal humor por el clima. Afuera no se veía más allá de tres metros delante de uno, y ella solo pensaba en dormir, pero el deber apremiaba. Salió de su casa con diminutos copos de nieve posándose lentamente sobre su gorro, y llegó con el sol asomándose entre la niebla. Las llamadas constantes y la entrada de gente hacían el trabajo de secretaria un infierno para Irene; pero le permitía estudiar en las noches la carrera de sus sueños: arquitectura. Una vez en casa, recogió los recibos y encontró entre ellos una carta. El sobre lo enviaba Antonio de Goya, y lo recibía Victoria de Goya. Tenía una nota “Dirección no existente, se remite a la segunda dirección”. Irene no conocía a ninguno de los dos, así que ellos no podían saber su dirección. De la oficina postal le indicaron que debía comunicarse con el remitente para cambiar ese dato. Al día siguiente Irene tomó el directorio y se comunicó con los diez Antonios de Goya que figuraban ahí, pero ninguno decía haber conoci...

Escribir y ya

¿Por qué o por quién escribo? ¿Escribo para vivir o vivo para escribir? No lo sé. Solo sé que disfruto cada letra que se traza en mi nombre. Escribo por placer. Por amor al arte. Amo escribir y puedo vivir y morir por mi escritura. Para mí, vivir es escribir y escribir es vivir. Creando mundos inimaginables y mostrando la realidad a mi manera, con la fantasía que quiera. Renaciendo en cada pasaje de mis cuentos, como un fénix inmortal, que se levanta una y otra vez más fuerte. Soy un cambia formas que se transmuta a través de las llamas de las letras, entregando una parte de mi alma y un poco de mi vida. Muriendo un poco, para mejorar lo que queda por dar. Jugando entre la vida y la muerte. Amando tiernamente el paso de mi mente por las comas y los puntos, las oraciones y las páginas que convergen en la creación y la destrucción que se arman, abriendo paso a relatos cargados de racionalidad y sentimentalismo conviviendo en un solo ser, en el interior de quien mejor conozco y aun así no...

Camelia

Hola, soy Amelia, siento un júbilo indescriptible al contarte esto, al estar tecleando, al estar en este hermoso cuerpo y sentir como el aire fluye a través de mí, deseo surcar mis recuerdos pasados, porque sí, ahora son míos. Pensarás que estoy loca, pero no, solo estoy nadando en el deleite de ser de carne. Te voy a contar un secreto, pero no te asustes, y no se lo cuentes a nadie, me puedes meter en un gran problema. Antes me llamaba Camelia, y vivía en la intemperie, la tierra me retenía y tenía que soportar los molestos gusanos que pasaban cerca, yo me limitaba a sobrevivir, a resistir el picante sol encima de mí y las noches frías. Mi vida era emética, excepto por ella, por esa mujer que llegaba cada primavera ese ser escultural me acariciaba, se sentaba a mi lado, me contaba sus secretos y se dormía en mi costado, me sentía protegida y halagada, ¿cómo era posible que esa divinidad me acompañara? esa doncella de cabello rizado, rostro almendrado, piel canela, suave como el pétalo...

Ansi, Nico y Ester

Abril 26 , 2021 ¡Hola! ¡Hola! ¡Hola! (no quisiera parecer algo intensa), discúlpame estoy un poco nerviosa, en realidad no suelo expresar lo que siento con regularidad. Me presento mi nombre es Ansi, tengo un hermano mayor y una hermanita pequeña a quienes aprecio y quiero demasiado, sus nombres son: Nico y Ester; quizás a simple vista creerás que te habla una persona, pero en realidad no cuento con un cuerpo físico, ya que habito en un rinconcito de la mente de mi amo, al cual le debo mi existencia ya hace bastantes años y en realidad estoy muy agradecida por hacernos parte de su vida, aunque a él parece no gustarle demasiado. Quisiera hablarte un poco sobre él, su nombre es Jhoi, es un ser humano con piel blanca, no tan blanca como la típica comparación con la nieve, suele ser más de una tonalidad parecida a la envoltura de un Bianchi relleno de chocolate blanco (perdón por la absurda comparación, fue lo primero que estaba al alcance de sus ojos); es rubio y me da algo de gracia, ya ...

Esculcando Mi Conciencia

Es raro mi obsequio, que raro suena todo esto, lo entendemos mientras crecemos, y perdemos el niño dentro, solo está esperando que tu salgas corriendo mientras sonríes de lo contento, para allí enseñarte que es lo que es estar contento. Cada golpeteo, cada impulso de este motor eléctrico, suena mi corazón, cada instante de tiempo está latiendo sin parar, sufre mis decaídas, goza de mis alegrías, está allí mientras vivo bombeando el tiempo por mis venas, es raro pensar en el tiempo que nos queda, y se nos olvida el presente que tenemos, seres creadores, pensadores, transformadores, trasforma al de tu lado, dale Amor. Venga, venga, tu que me lees, vamos te cuento algo, te daré lo que soy, un abrazo, aquí comienzo. Tú, cerebro quien me guía, quien me tratas de enseñar y aprender sobre el existir, el que me da la imaginación para encontrar cada uno de mis caminos, quien cuenta con tantos misterios, navego en tu mar, miro tus estrellas, me pierdo en ti, contigo aprendo cada día de mis derro...

Chicha cho

Todo comenzó con una cagada, si, una cagada, y en esta ocasión de una persona de la calle o chirrete, como se le llama en ocasiones con un poco de desprecio al habitante de la calle. Algunas gentes suelen decir que cuando te cae del cielo mierda, popo o defecación, es símbolo de buena suerte, chicha cho en muysccubun, o bienaventuranza. Bueno, esta cagada llegó comenzando nuestro viaje amateur de recorrer el mundo, o procesión de la suna, antiguo ritual de las comunidades Mhuysqas para preservar el rumbo y energía de la naturaleza, brindándole a ella pagamentos, cantos, agradecimientos y sudores en las lagunas sagradas del territorio Cundiboyacense, provocando que siga dándonos de vuelta, humildemente, el aire limpio, agua fresca, tierra fértil y alimento medicinal. Fue una experiencia amateur porque no estábamos muy conscientes del antiguo ritual que realizamos, sin mayores, taitas, abuelos o abuelas que nos guiaran. Amateur porque sin saber exactamente recorrimos lugares paradisíacos...

El Sello

Estaba sentado en la silla del faro de la bahía de Elden, reteniendo en sus manos el anillo de bodas que le había sido devuelto por la que iba a ser su esposa. «No puedo casarme contigo —dijo Sirena con tozudez—, siento que tú no me entiendes». Gabriel quedó atónito sin comprender qué había querido decir con “entender” y fue al faro para despejar sus ideas. Mientras fijaba su mirada entristecida en el anillo que tenía grabado su nombre, pensó: «Ella prefiere los huevos a medio cocer cuando yo prefiero la yema dura» —caviló—; «La contemplé demasiado, prefiere los hombres desinteresados —musitó—, mi problema fue tratarla como lo que más amo en mi vida»; pero, ¿desde cuándo es un problema amar a alguien con locura? Llevaban varios años de noviazgo, Gabriel consideraba a Sirena como su angelito; solía decirle que la dejaría dormir sola en la cama para que ella pudiera acomodarse a su antojo sin lastimar sus alas que le habían sido otorgadas por gracia divina. Tenían dificultades como las r...